ENTRADAS

NAT MYERS

“Siempre estoy en una búsqueda continua”, nos cuenta el poeta de blues estadounidense de origen coreano Nat Myers. “La itinerancia es algo que finalmente he conseguido alcanzar. He viajado mucho, pero últimamente no estar en un lugar fijo se ha filtrado en mi composición y mi música. La vida parece más sencilla en la carretera. Solamente intentas llegar al siguiente sitio de una sola pieza”. Su álbum debut, Yellow Peril, está lleno de agitadas canciones de blues sobre saltar de tren en tren, quemar rueda en las autopistas, huir de algún peligro, pero también sobre correr hacia algo difícil de definir y aún más difícil de alcanzar. Llenas de inteligencia, alma, contradicción y matices, estas canciones reflejan la inquietud y auténtica pasión de Myers en sus riffs veloces y sus complicados ritmos, todo mientras teje una compleja epopeya sobre la vida en la América post-pandemia con una variedad de tendencias estilísticas e históricas.

La historia de Myers comienza en Kansas, pero rápidamente se traslada al oeste de Tennessee y luego al norte de Kentucky. Ya de niño era un espíritu inquieto: “Tuve una infancia agitada. Mis padres me obligaron a formar parte de la banda del colegio, pero lo odiaba y terminé destruyendo la trompeta”. Se pasaba los días patinando y escuchando pop-punk y hardcore. “Mi madre me regaló una guitarra de iniciación para zurdos para mantenerme alejado de las malas influencias con la que me juntaba. Seguí quedando con ellos, pero ahora tenía una guitarra.” Myers no auguraba un futuro ambicioso como músico, ni siquiera cuando empezaba a destacar su habilidad con la púa, porque su verdadera pasión era la poesía, especialmente los clásicos que se leen para luego olvidarse en los años de instituto: Shakespeare, Homero, pero sobre todo La Odisea, esa epopeya de caminos errantes e interminables. “Me encanta poner el bolígrafo sobre el papel. Lo siento igual que al poner la aguja sobre un vinilo. Pueden ocurrir cosas mágicas.”
La poesía ha afilado su interés por la música, especialmente en el blues que tanto adoraba su padre. “Me di cuenta de que las verdaderas epopeyas americanas las estaban contando aquellos músicos itinerantes de los años 30 y 40, incluso antes de la grabación del sonido. Es entonces cuando me sumergí por completo en el blues, para poder escribir mi propia epopeya.” Estudió poesía en la New School de Nueva York, donde tuvo trabajos de lo más extraños para llegar a fin de mes. Con el tiempo, empezó a tocar algunas versiones y varias canciones originales en esquinas y estaciones de metro neoyorquinas. “El primer día que toqué en la calle gané veinte dólares. No era mucho, pero lo sentía como caído del cielo. Estaba ganando mi primer dinero como poeta. En ese momento me di cuenta de que lo que los poetas necesitan hacer ahora mismo es actuar.”

El covid marcó el final de esta primeriza carrera como intérprete y Myers tuvo que volver a casa a esperar a que la pandemia terminase subiendo vídeos de sus actuaciones a las redes sociales. Los vídeos llamaron la atención de Dan Auerbach, el líder de los Black Keys y fundador de Easy Eye Sound Records, quienes le contactaron para reunirse en Nashville. “Quedamos en su estudio, hablamos de blues, de O Brother Where Art Thou y del impacto que esa película había tenido para la música que ambos tanto amamos. Sentí que había encontrado un buen grupo de raritos como yo.” Myers viajó a Nashville un par de veces más para co-escribir con Auerbach, el famoso compositor Pat McLaughlin, y la leyenda del blues Alvin Youngblood Hart. En vez de grabar en el estudio de Auerbach – donde la mayoría de artistas de Easy Eye trabajan – montaron un estudio improvisado en casa de Auerbach, una casa de piedra de 100 años en una enorme finca en Nashville que resultó ser un escenario mucho más adecuado para el blues folclórico de Myers que un estudio sin ventanas. Sentían que solo con en el ambiente de la habitación principal y los pisotones de Myers en aquellos suelos de madera estaban consiguiendo captar parte de la historia americana.

Myers y Auerbach grabaron una docena de canciones en tres días, y el ambiente, igual que la música, era exultante y energético. “Estábamos berreando y silbando y pasándolo en grande. Hicimos varias tomas para Yellow Peril y los dedos de Dan empezaron a sangrar. Su pulgar estaba destrozado y lleno de ampollas, pero le daba igual. Seguimos tocando cada vez más y más fuerte.” Fue crucial que esa canción en particular fuera perfecta para que capturase el ritmo frenético de la letra que Myers había escrito durante la pandemia, justo después de que el movimiento contra los ataques a personas asiáticas (Stop Asian Hate) despegara. “Sabía que nos iban a culpar a nosotros los “amarillos” del virus. Ya lo había sentido. Los asiático-americanos son la población que más rápido está creciendo en el país, pero también somos los más pobres en lo que a la brecha salarial en América respecta.”

Puso todo ese miedo, rabia y determinación en una canción de blues latente, pero cobró una vida completamente nueva cuando aterrizó en Nashville, donde le dieron sabor al ritmo y añadieron un coro espectacular. “Dan, Pat y yo hablamos sobre, ¿qué se supone que debe ser el movimiento? Debería tener un movimiento poético que lleve a su conclusión: Nosotros solo queremos disfrutar un poco de la vida antes de morir/ No existen diferencias entre tú y yo. Quizás sea idealista, pero pensé que necesitaba un buen mensaje.” El término Yellow Peril (peligro amarillo) adquirió una importancia increíble durante las sesiones, pues refleja la manera en que Myers es percibido como coreano-estadounidense, como alguien que representa una amenaza para el país. “Cuando saco el tema con alguien asiático, automáticamente saben de lo que hablo. Pero el 99% de este país no sabe lo que es. Es un término muy evocativo, y me gustaba la idea de poner este concepto en una canción de blues.”

Aun empapado de historia, de poesía, y de los viejos años 70, Yellow Peril sigue sonando actual, capturando la idiosincrasia de su creador al igual que las contradicciones estadounidenses. Estas canciones no solo ayudan a Myers a conectar con su propia tradición, sino que le ayudan también a seguir moviéndose por Estados Unidos -hacia delante a la vez que hacia arriba. “No me criaron con una comprensión clara sobre mi parte asiática y realmente no era consciente de quién era como coreano-estadounidense hasta hace poco. Me convertí en un auténtico activista sobre ello durante la pandemia, y aunque me he relajado un poco desde entonces, voy hasta el final con el “Poder Amarillo”. Quiero que este disco levante a mis compañeros.”